Fuente: El Norte de Castilla

La de detective es una de las profesiones que más curiosidad suele despertar. El cine y la literatura a menudo representan a estos profesionales como personajes misteriosos, con gabardina, gafas oscuras y lupa en ristre. Pero…. nada más lejos de la realidad. El perfecto investigador privado es aquel que pasa totalmente desapercibido ante los ojos de los demás, que posee, eso sí, gran intuición y agudeza mental y es capaz de resolver casos imposibles. Miguel Ángel Caminero Domínguez es un emprendedor que el pasado mes de octubre puso en marcha su propio despacho de investigación privada, M12 Agencia de Detectives.

De cerca

Nombre: M12 Agencia de Detectives.

Emprendedor: Miguel Ángel Caminero Domínguez (46) Investigador privado.

Contacto: www.m12detectives.es / mac12miel@gmail.com. Móvil: 634 415 213

Toda su vida la ha dedicado a la seguridad privada. Empezó trabajando como auxiliar, más tarde como vigilante, y como escolta privado durante doce años en el País Vasco. «Estuve en Guipúzcoa y Álava escoltando a empresarios, políticos y jueces. Durante esa época estudié Criminología en Salamanca de forma semipresencial. En tres años saqué la habilitación para poder trabajar como detective privado. Empecé colaborando con algunos compañeros hasta que en octubre de 2014 regresé a Valladolid y creé mi propia agencia», recuerda.

Los años en los que trabajó como escolta fueron duros y le sirvieron para curtirse en su profesión: «En aquella época aprendí a controlar las distancias, a buscar objetivos con mayor facilidad y a ocultarme, ya que había protegidos que no querían que estuviera con ellos. Hay gente que tiene estas cualidades innatas, pero realmente la profesión se aprende en la calle», añade.

Desde que se montó por su cuenta está intentando abrirse mercado. La mayor parte de sus clientes provienen del ámbito empresarial y acuden a él para investigar bajas fraudulentas de empleados, rendimiento laboral, solvencia de socios y clientes, localización de deudores, espionaje industrial o investigar hurtos y robos por parte de los trabajadores. «En el ámbito familiar, las investigaciones más solicitadas son las relacionadas con modificaciones en las pensiones alimenticias y compensatorias, custodia de menores y régimen de visitas, infidelidades de pareja, control de hijos y usos anómalos de viviendas», explica.

El tercer segmento al que se dirige son las mutuas y aseguradoras, que solicitan sus servicios de cara a la obtención de pruebas y evidencias relacionadas con la simulación de siniestros, incapacidades fraudulentas, reconstrucción de accidentes y control de secuelas.

«Primeramente solemos investigar en medios generales, como Internet. A partir de ahí se hace una investigación más directa, con seguimientos, que es más expuesto. Otras formas de conseguir información es mediante la generación de roles, haciéndote pasar por un comercial, por ejemplo», expone este investigador emprendedor quien, además, afirma que hay que moverse mucho para encontrar trabajo en Valladolid y estar dispuesto a viajar. «Dedico gran parte de mi tiempo al networking para conocer posibles clientes y uso las redes sociales para darme a conocer, ya que si no estás en Internet, es como si no existieras», relata Miguel Ángel.

Tarifas

En su lista de precios tiene establecida una tarifa mínima de 20 euros la hora para aquellos trabajos sencillos en los que no es necesaria una exposición directa. «La tarifa más habitual es de 40 euros por hora, cuando es necesario un seguimiento. Para casos más especiales, en los que hay que interpretar un rol o una exposición directa, el precio puede alcanzar los 90 euros por hora. Éste es un trabajo muy laborioso. Todos los casos requieren un estudio previo y la posterior edición de vídeos y fotografías», argumenta.

La discreción es requisito imprescindible en una investigación privada, y para ello todo buen detective que se precie debe ir provisto de material adecuado. Al inicio de su actividad, este emprendedor tuvo que adquirir un importante equipo tecnológico, con cámaras de vídeo grandes y pequeñas, y también cámaras ocultas en el reloj, en un botón o en un encendedor. «Para determinados casos, en los que son necesarias instalaciones electrónicas o de micrófonos, colaboro con un técnico especializado en el sector», concreta este detective, orgulloso de trabajar siempre bajo la legalidad. «Yo no puedo entrar a un domicilio si nadie me abre la puerta y me da permiso para ello. A partir de ahí… que cada uno imagine las innumerables maneras de poder entrar en una propiedad privada de forma legal», deja entrever misterioso.

En el coche lleva varios cambios de ropa y calzado para cualquier eventualidad que pueda surgirle. «Hay que jugar siempre con el factor sorpresa. Si por la mañana me he cruzado con la persona que seguía llevando una cazadora amarilla,es fácil que si vuelve a verme con la misma cazadora me recuerde. Si me cambio, pasaré más desapercibido», explica .

Afirma rotundo que su profesión es totalmente vocacional y le hace sentirse vivo. «Es un trabajo arriesgado, pero no peligroso. Lo mejor es poder ayudar a la gente a resolver sus problemas. Lo peor son las interminables esperas. Hay que tener una paciencia infinita», concluye.

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